Indignados.José Lozano.DeMogoda.cat
José Lozano
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Divendres 01 de juliol de 2011,

Indignados

RepublicaACM III REPÚBLICA
SPM.-24-6-2011

No acaba de encajar en algunos sectores de la sociedad el nombre de indignados/as. Literalmente Indignación es "enojo, ira, enfado vehemente" (DRAE), "un sentimiento de desagrado y rechazo por algo que hiere el sentido de la justicia o de la moral". Sin duda, en las plazas y fuera de ellas, muchos estamos indignados, eso es evidente.  Pero no se interpreta bien a los Indignats/15-M cuando se reduce todo a una explosión de malestar y una manifestación de enfado.
La denominación indignados/as induce a pensar sólo en una emoción o un sentimiento, reacción de protesta de quien sufre maltrato. A la indignación se responde con una disculpa, una reparación, una satisfacción. Pero el movimiento Indignats/15-M es algo mucho más profundo.

En las plazas del Estado, y más allá, lo que ha emergido durante estas semanas es el embrión de un movimiento social de largo alcance, con contenido de clase y revolucionario. Puede lograrse y seguro que los poderes establecidos harán todo lo posible para abortarlo, introduciendo en él pautas políticas pequeñoburguesas, pero crecerá y se desarrollará consiguiendo un cambio radical de la sociedad y en la política española. 

Lo que los Indignats/15-M dicen a la sociedad no lo dicen sólo los millares de personas que han pasado por las plazas. Estos prestan su voz a quienes se identifican con ellos y se sienten representados por ellos. Unos y otros dicen que no se reconocen en esta política actual, en estos partidos, en esta democracia, en este sistema. Por lo tanto,  no pueden abstraerse de hacer “su política, su organización y su democracia”, que es la conveniente para la mayoría de la sociedad, o sea: la clase trabajadora. Sería un grave error caer en la revolución colorista de la Europa central y del este. El sistema y sus lacayos están en la onda de dirigir este movimiento hacia ese rompeolas y desgastar al movimiento de revolución social que interesa, quieren que se siga ese camino, están dispuestos a hacer todo lo posible para que eso sea así. Nosotros debemos decir: al margen de los derechos de la clase trabajadora, no hay alternativas.

La política que se practica ha perdido hoy todo reconocimiento social. Sometida a los dictados de la economía de mercado; es incomprensible para los ciudadanos/as, distante y sorda a sus demandas; incapaz de erradicar el cinismo y la corrupción, ha perdido el respeto y la ética que debe merecer la gestión de la cosa pública. Para la mayoría de la gente es un problema y como electores huyen de ella, refugiándose en la abstención. Los partidos de “la izquierda” parlamentaria, cada vez representan menos a los votantes; convertidos en aparatos de poder, vaciados de ideología, ya ni siquiera representan a sus militantes; sólo miran hacia arriba, al Gobierno y las instituciones, no hacia abajo, a su base social, salvo en el simulacro de las campañas electorales.

Esta democracia, fijada en compromisos fundacionales desnaturalizados por el discurso espurio de la Transición monárquico-neofranquista, y el consenso constitucional, construido para borrar la memoria de las luchas en las que nació, está anquilosada. Representa mal la voluntad de los electores; debe ser desarrollada en aspectos fundamentales de los derechos, la participación ciudadana, la forma de Estado y la transparencia de la Administración pública; y tiene, en fin, pendiente un nuevo texto constitucional para con las generaciones que no conocieron su gestación, que son hoy la mayoría.

Pero la política no va a cambiar fácilmente, los partidos del sistema no van a escuchar, y la democracia liberal seguirá siendo la que es por más que se grite en las plazas las demandas de la gente, si no se va más allá. La ocupación de la calle por sí sola no podrá lograrlo.  No lo logrará si el movimiento de las plazas no encuentra formas de intervenir social y revolucionariamente en la política, pero en su política, la de los sin techo, sin trabajo y sin pan.  Ir más allá supone la continuidad fuera de las plazas del movimiento que se ha iniciado en ellas. Continuidad que requiere objetivos, salto a otros ámbitos y nuevas formas de organización y de lucha, para la revolución social y el cambio del sistema.

Hay que organizarse y abrir frentes de lucha, hay que partir de unos planteamientos afines a la clase trabajadora,  que ya sabemos que no son la de los partidos políticos al uso, que no deben reproducir los aparatos de partido. Aunque ya en las plazas se están inventando: redes, asambleas públicas, grupos de trabajo, comisiones. La organización es indispensable para informar, coordinar, agrandar y actuar eficazmente.

Si el Movimiento Indignats/15-M ha sobrevivido a los primeros días de ocupación de las plazas es porque ha sabido organizarse. Si sobrevive en el futuro es porque sabrá organizarse para permear la sociedad y extender su tejido por toda ella: los barrios, los colectivos ciudadanos, los/as trabajadores/as, las asociaciones vecinales, etc.

Hay que debatir y definir objetivos: tanto objetivos globales últimos como objetivos concretos, inmediatos; de ámbito general y de ámbito local. En las plazas ya se ha comenzado a hacerlo; los objetivos propuestos por las comisiones son un ejemplo de ello; otros ejemplos llegan de las asambleas de otras ciudades y de los barrios. Pueden ser el punto en el que confluyan ciudadanos y colectivos muy diversos, al que se orienten las estrategias y las acciones del movimiento. El movimiento asociativo vecinal (AA.VV) reivindicativo y luchador contra el franquismo y la reacción, ahora está “en hibernación” ante el capitalismo salvaje que agrede a todos los vecinos/as ¿no se siente aludido por los recortes sociales, económicos y culturales que sufre?. No estaría de más que hicieran una reflexión profunda de sus objetivos, y sumara esfuerzos para erradicar la lacra del sistema capitalista.

Hay que crear las formas de lucha adecuadas a los objetivos. La resistencia pacífica es una, la contundencia en los planteamientos es la otra.  Pero hay muchas más, incluidas las institucionales, comprometiendo y presionando a los ayuntamientos para que se comprometan, las consultas ciudadanas, los referendos, los debates públicos, las plataformas de participación en las decisiones municipales, etc. La sociedad no va a cambiar si no se cambia desde abajo. El movimiento de los Indignats/15-M solo es el comienzo.

 

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